No te detengas

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

No te detengas – Walt Whitman

Felices 24.

Te quiero

[…] Pero creo que me querías, ni mucho ni poco, me querías y punto. Siempre he pensado que los que dicen «te quiero mucho», en realidad te quieren poco, o tal vez añaden el «mucho», que en este caso significa «poco», por timidez o por miedo a la contundencia de «te quiero», que es la única manera verdadera de decir «te quiero». El «mucho» hace que el «te quiero» se convierta en algo apto para todos los públicos, cuando, en realidad, casi nunca lo es.

También esto pasará – Milena Busquets

Recuerdo el primero. Nunca he sentido tanta plenitud, tanta felicidad, tanta seguridad, como al decir estas dos palabras por primera vez. Desborda. Desde luego, no es apto para todos los públicos. Es tan trascendente, tan transformador, tan íntimo… Es una apuesta. Y te sientes fuerte, segura, completa, pletórica.

También recuerdo el último. El que duele. Y joder. El último…

Dolor

El verdadero dolor es indecible. Si puedes hablar de lo que te acongoja estás de suerte:  eso significa que no es tan importante.  Porque cuando el dolor cae sobre ti sin paliativos, lo primero que te arranca es la palabra.  Es probable que reconozcas lo que digo; quizá lo hayas experimentado, porque el sufrimiento es algo muy común en todas las vidas (igual que la alegría).  Hablo de ese dolor que es tan grande que ni siquiera parece que te nace de dentro, sino que es como si hubieras sido sepultada por un alud. Y así estás. Tan  enterrada bajo esas pedregosas toneladas de pena que no puedas ni hablar. Estás segura de que nadie va a oírte.

La ridícula idea de no volver a verte – Rosa Montero

Un alud externo que te sepulta. O que nace de lo más profundo de tus entrañas. Algo tan arraigado, tan intenso, tan desgarrador, que te hace dudar de si algún día dejará de formar parte de ti. De si algún día volverás a vivir y dejarás de sobrevivir. De ver pasar las horas. Eso es dolor.

Casualidades

“Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos a los que se llama coincidencias. Coincidencia significa que dos acontecimientos inesperados ocurren al mismo tiempo, que se encuentran: Tomás aparece en el restaurante y al mismo tiempo suena la música de Beethoven. La gente no se percata de la inmensa mayoría de estas coincidencias. Si en el restaurante hubiera estado el carnicero local en lugar de Tomás, Teresa no se hubiera dado cuenta de que en la radio sonaba Beethoven (aunque el encuentro entre Beethoven y un carnicero es también una interesante coincidencia).

Sin embargo, el amor, que se estaba aproximando, había exacerbado su sentido de la belleza y ella ya nunca olvidará aquella música. Cada vez que la oiga se conmoverá. Todo lo que ocurra en ese momento a su alrededor estará iluminado por aquella música y se hará hermoso.

Es así como se componen las vidas humanas. Se componen como una pieza de música. El hombre, llevado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento casual (la música de Beethoven, una muerte en la estación) en un motivo que pasa ya a formar parte de la composición de su vida. Regresa a él, lo repite, lo varía, lo desarrolla como el compositor el tema de su sonata. Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza aun en los momentos de más profunda desesperación.

La insorportable levedad del ser – Milan Kundera

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Complicidad.

—De jovencita estuve cerca de la muerte. Desde entonces la conozco y ya no pienso en ella. Sé que es un paso de una dimensión a otra: de la materia a la antimateria. Los egipcios la llamaban Salida a la Luz. Así da menos miedo, ¿no?

—¿Y la vida?

—Me da miedo la idea de desperdiciarla. Si la muerte es un viaje, supongo que la vida es el precio del billete.

—Morir no es nada. No vivir es terrible.

—Sí, yo también he leído eso, pero no recuerdo dónde.

—Es mío.

En el caso de que acabáramos viviendo juntos, tendría que acordarme de retirar Los Miserables de la librería.

—¿Estás seguro? ¿Y qué querías decir exactamente cuando lo escribiste?

Empezaba a comprender el tipo de persona que era. No se conformaba con patinar sobre una frase bonita. Quería arrastrarme hasta el fondo.

—Bueno…, que hay que afrontar la vida. Que los sufrimientos, las injusticias y las lágrimas derramadas por una causa sirven para algo, aunque no sabría decir para qué.

—Yo creo que sirven si te llevan a cambiar. ¿Te has preguntado alguna vez, después de haber recibido un mazazo, por qué te ha pasado eso, qué te está diciendo la vida?

—No, normalmente me quejo del mazazo y punto. Pero ¿no tendrás tú por casualidad una respuesta que sugerirme?

—¡Sí, para que te burles de mí, como con la Atlántida!

—¡No me burlé de ti! Por lo menos no demasiado…

En prueba de mi inocencia, abrí los brazos como una mariposa artrítica y le propiné otro codazo, esta vez en el hombro.

Me cogió las dos manos, creo que como medida de autodefensa. Nuestros dedos se entrelazaron y ella me los apretó. No hay momento más bello, al comienzo de una relación, que cuando entrelazas los dedos con los de la otra persona y ella te los aprieta. Estás asomándote a un mar de posibilidades.

Acerqué los labios a los suyos, pero no tuve que realizar todo el recorrido porque me topé con ellos a medio camino.

Sabían a felices sueños.

Me deseó felices sueños, Massimo Gramellini.

Palabras.

“No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería… son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos”.

El club de los poetas muertos, 1989

La luz en casa de los demás

Por eso te escribo.
Porque no consigo pensar en nada más que en ti.
Y porque son tantas las cosas que me gustaría darte, desde este mismo momento hasta siempre, y tengo tanto miedo de no ser capaz que, al menos, si algún día lees esta carta, sabrás que lo habré intentado con todas, todas, todas mis fuerzas.

Me gustaría encontrar para ti un nombre perfecto, uno de esos nombres que, cuando la gente te pregunta “¿Cómo te llamas?”, al contestarles tú “Me llamo tal”, te dicen: “Pero ¡qué bien te queda ese nombre! ¡Parece hecho a propósito para ti!”

Me gustaría, me gustaría, me gustaría.
Darte todo el chocolate que quieras sin que engordes (está riquísimo, mi preferido es el que lleva leche).
Hacer muchos viajes contigo (yo ni siquiera tengo pasaporte, pero ahora me lo voy a sacar porque el mundo es enorme, y tú tienes que verlo todo, tienes que conocerlo entero).

Me gustaría que tuvieras muchos amores tontos, de los que te ponen mariposas en el estómago y te hacen sentir que estás como en una nube: todo el mundo me dice y me repite que, en la vida, el amor no lo es todo, y por supuesto que tienen razón. Pero ¿qué quieres que te diga? Los días más felices de mi vida han sido aquellos en que he estado enamorada. A lo mejor de alguien que no valía en absoluto la pena pero ¿qué más da? No hay nada más bonito en el mundo que despertarse en una cama en la que nunca habías dormido antes y pensar: en este preciso momento no necesito nada más de la vida.
Vamos, que me gustaría que vivieras tantas y tantas mañanas como ésas.

Pero claro, también me gustaría que luego, en un momento dado, encontraras a la persona adecuada (adecuada para ti, quiero decir). Yo no lo he conseguido, pero aún no he perdido la esperanza. El problema es que los hombres se quedan encandilados cuando ven por primera vez una jirafa en el zoo: pero luego en casa prefieren tener un perrito.
Por eso me gustaría que te convirtieras en una persona especial como una jirafa en la ciudad, pero con el instinto doméstico del perrito (que es algo que yo nunca he tenido).

Me gustaría, me gustaría, me gustaría.
Que te gustara bailar.
Que, en los momentos de desesperación, no te diera por envidiar la felicidad, o la suerte o los éxitos de los demás, las certezas, los resultados o la luz en casa de los demás: en todas partes hay cosas buenas y cosas malas.

Me gustaría pensar que siempre serás más fuerte que lo que te pueda pasar en la vida.

Me gustaría que encontraras un amigo, alguien que, mientras todo lo demás gira y cambia, se quede quieto y esté siempre ahí.

Me gustaría que leyeras esta carta siempre que lo necesites, para que pueda hacerte bien, como a mí hoy me está haciendo bien escribirla. Me gustaría que, hasta entonces, la guardes siempre, dentro de un sobre, como una especie de amuleto mágico que te protegerá de todas las cosas malas del mundo.

La luz en casa de los demás – Chiara Gamberale

El mejor momento.

No te rindas, por favor, no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento; aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento.

Mario Benedetti

Identidad.

Desatar las voces, desensoñar los sueños: escribo queriendo revelar lo real maravilloso, y descubro lo real maravilloso en el exacto centro de lo real horroroso de América. (…)

Cada promesa es una amenaza; cada pérdida, un encuentro. De los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón. Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día. En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo.

El libro de los abrazos – Eduardo Galeano

Definición de la identidad como una contradicción. Continua, cambiante. Resultado de todas tus idas y venidas, de las cosas que quieres cambiar, de las cosas que consideras parte de ti y que te definen, de tus reacciones, tus miedos y tus dudas, y de los pequeños detalles  en los que nadie repara. Identidad.

¿Quién eres?